Composición de las amalgamas

Las obturaciones de amalgama están compuestas por una aleación de metales (plata, cobre, zinc, estaño…) que cuenta con un 50% de mercurio (Hg). Este metal pesado, además de evaporarse a tan sólo 20ºC, reacciona químicamente con la saliva, alimentos y bebidas calientes. De una amalgama metálica se liberan 34 microgramos de mercurio diariamente, que son absorvidos por nuestro organismo. Además las obturaciones de amalgama contienen una corriente eléctrica debido a la unión de metales, mientras más alta sea la corriente galvánica, más mercurio se estará liberando.

La toxicidad del mercurio

El mercurio actúa en el cuerpo bloqueando determinadas hormonas, receptores y enzimas. Esto se refleja en múltiples enfermedades, trastornos y disfunciones tales como: poca vitalidad, irritabilidad, problemas de coordinación, dolor de cabeza, mareos, temblores, molestias intestinales, pérdida de memoria y apetito, insomnio, debilidad muscular, dolor de espalda, alergias, nerviosismo, depresión, sistema inmune debilitado, anemia… Todo esto hace que el afectado consulte a su doctor, el cuál no verá esto ya que en los análisis estándar no aparecen reflejados los niveles de toxicidad por metales. Es ahí cuando algunos especialistas diagnostican enfermedades crónicas incurables, como psoriasis, fatiga, fibromialgia, depresión, candidiasis, bronquitis… Entonces intentan paliar los síntomas con fármacos que no harán más que enmascarar el problema real. Mientras el mercurio consigue vivir libre en el sistema causando todo tipo de estragos.

Protocolo de extracción adecuado

Es muy importante utilizar un protocolo en que se proteja al paciente y al odontólogo de la inhalación de gases de mercurio tan tóxicos para la salud.

El protocolo avalado por la IAOMT consiste en:

  • Empleo de máscaras con filtros especiales para evitar la inhalación de gas mercurio.
  • Barrera física que evite la ingesta de la amalgama que se remueve (dique de goma).
  • Evitar calentar la amalgama utilizando agua al removerlas.
  • Cortar la amalgama con fresas especiales
  • Utilizar varias fuentes de aspiración.
  • Ventilación adecuada en el consultorio.
  • Soporte con fitoterapia y homeopatía para desintoxicar el organismo.